«Este staff es increíble, pero nos faltan cosas. Nos falta, sigo diciéndolo, hacer una como los de la Arandina. Nos falta que cojamos a una, pero que sea mayor de edad para no meternos en jaris, y cargárnosla todos juntos. Eso es lo que une a un staff y a un equipo. Mira los de la Arandina, que iban directos al ascenso. Buen domingo, chavales»
Carlos Santiso, entrenador de fútbol, pronunció estas palabras en un audio enviado hace cuatro años por el grupo de WhatsApp de su cuerpo técnico cuando estaba al mando del Rayo Femenino. Tras excursarse en la SER y hablar de una «charla informal», el pasado martes 1 de febrero por la noche se pronunció a través de un comunicado con el que «quería pedir perdón y dejar públicamente constancia de mi profundo arrepentimiento por la desafortunada, y de muy mal gusto, broma machista imperdonable». Una súplica a la opinión pública para ser perdonado, como ha sido por el Rayo Vallecano, «para no ser destruido como ser humano».
No sabemos cómo debía ser ese grupo que dirigía Santiso para que emular el caso por el que tres futbolistas fueron condenados -uno de ellos fue absuelto después- por violar de una menor de 15 años fuera a mejorarlo. Lo que sí sabemos es que esas palabras forman parte de la cultura de la violación y que su perdón público llega cuatro años después, fruto del revuelo que han causado en una sociedad que ya no pasa por alto según qué bromas.
Desde el pasado 28 de enero, vuelve a ser el entrenador del Rayo Vallecano Femenino. Su nombramiento revolvió las tripas dentro y fuera de Vallecas y provocó un terremoto entre la Federación de Peñas del Rayo, la afición y el mundo del fútbol que piden, desde el primer día, su destitución inmediata. Frente a ellos, como viene siendo habitual, la decisión unilateral de Raúl Martín Presa, presidente de la entidad: Santiso se queda porque en Vallecas “se fichan profesionales y no personas”.
A pesar de la presión mediática actual, el conocimiento de estos audios no es nuevo. De ahí que esta situación sea aún más sangrante. La filtración provocó que presentara su dimisión como seleccionador Sub-12 masculino de Madrid en noviembre de 2021. No fue despedido, fue forzado a dimitir.
Ahora Santiso vuelve al club para relevar a quien lo relevó. Miguel Ángel Quejigo deja al equipo colista de Liga Iberdrola con solo cinco puntos (a 1 de febrero de 2022) y la moral minada como nunca. Era complicado dar con una decisión que empeorase la situación actual hasta que llegó él y decidió contratar a quien sugiere llevar a cabo una violación grupal. Bravo, Presa, lo has vuelto a hacer.
Sería la gota que colma el vaso, si el vaso no fuera un bidón de litros y litros
Y es que en Vallecas nunca pasa nada porque lo que buscan y quieren que pase, si llega a pasar, sería un auténtico drama. Porque el Rayo Femenino es como el junco que se dobla, pero siempre sigue en pie. Se cuentan por pares los desplantes de la directiva a una plantilla que, incluso cuando no ha tenido nada, ha tenido fe, ganas de remar, de jugar y de demostrar. Y parece que, pase lo que pase, ahí seguirá.
Su orgullo contra la ignominia. Sirva esta breve cronología como prueba.
5 de diciembre de 2020. El Rayo Vallecano cae 5-1 en Buñol ante el Levante con Santiso en el banquillo. Tres goles llegaron en los primeros quince minutos de partido. De vuelta a Madrid es la hora de la cena. ¿La cena? Un pícnic designado por el club compuesto de dos bocadillos de jamón york y un par de manzanas, que había sido preparado más de 24 horas antes. La fotografía del menú se hace viral desatando una ola de indignación comparable a la sentida por las jugadoras del primer equipo.
8 de diciembre de 2020. Tras tres días de acusaciones de preferir comida rápida a la saludable que ofrece el club, las jugadoras y el cuerpo técnico del Rayo Femenino viajan para disputar el partido aplazado ante la Real Sociedad. Pero antes lanzan un comunicado sobre la situación insostenible que están viviendo. Desisten de realizar un plantón para cumplir con las «obligaciones profesionales, de la misma manera que hemos hecho siempre, fueran cuales fueran las circunstancias». Lo que empezó como una merienda-cena muy lejos de la profesionalidad terminó destapando las más absolutas de las vergüenzas:
· El 80% de la plantilla tenía un contrato ajustado al mínimo previsto por el convenio colectivo.
· Los pagos de las nóminas desde el mes de agosto (el comunicado fue lanzado en diciembre) habían sido recibidos tarde en tiempo y forma, incumpliendo el artículo 30 del convenio colectivo.
· Todo el material deportivo utilizado en los entrenamientos, salvo las equipaciones, petos y balones, había sido cedido por los integrantes del cuerpo técnico.
· El 50% del cuerpo técnico no había recibido ninguna remuneración desde el comienzo de temporada.
6 de noviembre de 2021. Pitido inicial y todo el mundo quieto. El Rayo visitó el Alfredo Di Stéfano y las 22 jugadoras titulares se plantaron cuando comenzó el partido. Una protesta simbólica ante la situación de precariedad que venían padeciendo y que nunca llegó a mejorar. Ese mismo día, un nuevo comunicado oficial salió a la luz para denunciar que no contaban con material deportivo, ni servicios médicos, ni la figura de un delegado; que los pisos ofrecidos por el club habían dejado de ser abonados, que las nóminas no llegaban y si lo hacían, seguían haciéndolo tarde.
14 de noviembre de 2021. Llega una nueva denuncia de la Asociación de Futbolistas Españoles por no cumplir el plan de prevención de riesgos laborales al carecer de servicios médicos y de fisioterapia. El Rayo se enfrenta al Athletic en la Ciudad Deportiva y en el minuto 60, durante un duelo por un balón, Camila Sáez y Naroa Uriarte chocan. La chilena sufre un fuerte golpe en la cabeza que necesita de atención médica y, como el Rayo sigue sin servicios médicos, fueron los del Athletic Club quienes atendieron a la jugadora franjirroja.

26 de noviembre de 2021. El club contesta y asegura que, aunque el Reglamento General de la RFEF “no exige en Liga Femenina Iberdrola contar con los servicios de un médico adscrito a la plantilla”, tienen contratados unos servicios médicos y una ambulancia medicalizada con dos sanitarios para sus partidos como local. Unos servicios médicos que se negaron a volver a cubrir cualquier partido tras una realidad, afirman, “completamente falsa inventada por aquellas personas que pretenden dañar el buen nombre del Rayo Vallecano”.
¿Qué más tiene que pasar?
No ha sido la primera temporada complicada para el Rayo Femenino, es probable que tampoco haya sido la más complicada, pero duele ver que nada mejora porque existen figuras empeñadas en nadar a contracorriente del progreso y la mejora, del trato humano y digno. En Vallecas nunca pasa nada más allá de decisiones supremacistas en contra de cualquier sentido común y la esperanza de que estas sigan cayendo en saco roto, de que afición y equipo sean uno, de que ningún directivo que ignora lo que siginifica la franja pueda acabar con todo.
Porque ellas demuestran que Presa no hará que bajen los brazos, el martes por la tarde, antes del comunicado nocturno de Santiso, la plantilla del primer equipo lanzó un comunicado para reprobar y rechazar las declaraciones de su actual entrenador “por ser contrarias a la dignidad de las mujeres y que son de una gravedad que no es aceptable en ningún caso”. El asunto ya está en manos de la AFE, como miembro de la Comisión Negociadora del Plan de Igualdad del Rayo Vallecano, para que “se actúe en defensa de la dignidad de unas profesionales que lo siguen demostrando día a día”.
Y posiblemente ese sea el mejor cierre a cualquier noticia esperpéntica, reprochable y lamentable en torno a este equipo. Ellas siempre defenderán su dignidad como las profesionales que son.










